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Tu vida es una perdida de tiempo

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Y lo digo de corazón. En serio. Una verdadera perdida de tiempo. ¿No es genial? Dejarme empezar con una frase de Steve Jobs, que siempre da caché y os explico el porqué de este titular.

“Si vives cada día de tu vida como si fuera el último, algún día tendrás razón”

Esta es una de las sentencias más famosas y compartidas de Steve Jobs, pero siempre me ha dado la sensación de que la frase esconde un significado totalmente opuesto al que comúnmente se le atribuye. Es decir, contrario a esa corriente resultadista de objetivos y metas que triunfa en el fast business de hoy en día. Piénsalo por un momento. Podría decir que si sólo te dedicas a tus objetivos, acabarás perdiéndote la vida.

Porque la vida, por mucho que algunos se empeñen, no se rige por frases motivadoras, ni por estrategias de coaching, ni por balances económicos ni, por supuesto, por horas trabajadas. La vida es otra cosa. La vida va de dedicarse con ganas a todas aquellas actividades que, para muchos, constituyen una verdadera perdida de tiempo, como enamorarse, llorar, equivocarse o perdonar, por poner algunos ejemplos. Creo que hay más vida en un viernes de pizza y serie con tu familia que en cualquier multicall con los ejecutivos más importantes del planeta. Necesitamos “perder el tiempo” con lo que realmente nos trasmite sentimientos duraderos, como mirar un amanecer, dormir la siesta con tu perro, meditar, ver las siete temporadas de Lost, hacer ejercicio, cotillear las fotos de las vacaciones del vecino por Facebook o leer este post. Joder, ya sé que podemos comprar zumo de naranja en tetabreak, pero ¿de vez en cuando no es mejor pegarse los dedos exprimiendo fruta aunque tardes dos minutos más? Lo que  Platón llamaba contemplatio o contemplación, y que quizás hoy vemos con malos ojos porque lo asociamos a poca productividad, pero que significa “admirar algo y pensar en ello”. Es decir, que lejos de ser una actividad inútil, es lo que da sentido al acto práctico, ya que nos obliga a descubrir el verdadero propósito de las cosas.

Vaya, quizás me he puesto demasiado filosófico. Aterricemos un poco. El otro día me enteré que un formador de directivos afirmaba que sólo el 10% de cada libro nos ofrece información que necesitamos, por lo que subcontrataba gente que leía por él y le pasaba un resumen de ese 10%. Pongamos que tiene razón y sólo un 10% de cualquier libro nos vale para comprender la trama de una novela, la tesis de un ensayo o el mensaje en sí del autor. ¿Y qué? Lo verdaderamente divertido está en el 90% restante. Perder el tiempo leyendo, escuchando música, viendo cine o disfrutando de cualquier actividad cultural es quizás la mejor forma de pasar nuestras horas en este mundo, a excepción de crear. La creación es la perdida de tiempo más enriquecedora que existe, porque conlleva experimentación y conocimiento de nosotros mismos. Y eso es algo que no se consigue con horarios de trabajo ni planes de productividad. Se consigue contemplando la vida. Ni más ni menos.

¿Significa eso que no debemos trabajar? NO. Todo lo contrario. Significa que debemos convertir el trabajo en nuestra creación más apasionada, dejarnos influir por todo aquello que podamos absorber de la vida y plasmarlo en pequeños éxitos cotidianos que permitan irnos a la cama contentos. Dedicar atención a los pequeños detalles, perder el tiempo en aprender de los mejores y enseñar a los que tenemos alrededor y nunca tener miedo a fracasar.

Si no pierdes el tiempo, te perderás la vida.

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