Archivo de la etiqueta: emociones

El derecho a estar tristes

En su maravilloso espectáculo Inflammation du verbe vivre, Wajdi Mouawad se transforma en un director de teatro que no ve otro camino que morir para volver a encontrar el sentido a vivir. Como un Filoctetes herido y perdido en un lugar que ya no reconoce, se atreve  decir que la sociedad moderna ha dejado de soñar a lo grande, porque ya sólo se conforma con bagatelas. Hemos renunciado a dejar huella en este mundo por objetivos más a corto plazo, como un iphone o un contrato indefinido. Y no es suficiente. En otra escena, Mouawad pone voz a jóvenes que, en medio de una fiesta, entre alcohol, drogas y sexo, se sienten existencialmente muertos.

4675277044_c00edbdc3b_z

Yo no creo que el hombre del siglo XXI haya dejado de soñar. Creo que, hoy más que nunca, el ser humano está preparado para afrontar cualquier tipo de situación, educado para creer ilimitadamente en sí mismo. Porque hoy tenemos derecho a ser lo que creamos sentir, derecho a romper y comenzar de nuevo, derecho a buscar nuestra propia felicidad. Sólo hay una cosa a la que aún no tenemos derecho.

A estar tristes.

Y eso es lo que le pasa al alter ego de Mouawad y al hombre moderno. Se siente mal por estar triste. Escapa de la tristeza. Porque en nuestra sociedad no está permitido no ser feliz. No se puede, está mal. Y no, no me refiero a la tristeza de echar unas lágrimas porque nuestra selección ha sido eliminada o porque una canción te recuerda a tu ex. Me refiero a la tristeza de verdad. La que duele. La que te paraliza. ¿Te acuerdas de ella? Es como si tu corazón se rompiera como un folio o como si un elefante se sentara en tu alma. Es el desaliento.

Pero no podemos estar así. No nos dejan. Mirad vuestro whatsapp. La primera cara triste aparece después de 38 emoticonos alegres, despreocupados, iracundos o aburridos. La  sociedad ha creado todo tipo de situaciones para todo tipo de emociones y sentimientos, menos para ese. ¿En el trabajo? Hay que estar concentrados. ¿En una fiesta? Eufóricos. ¿Con tu pareja? Enamorado. ¿Con tus hijos? Optimista. La primavera la sangre altera. En verano todos a hacer fotos en la playa. El invierno a comprar para ser más felices. Y quizás en otoño permítete algo de melancolía, pero poca, que nos lo estamos cargando con el cambio climático. ¿Estás triste? Debería darte vergüenza, porque vives en el primer mundo, eres un privilegiado, hay gente pasándolo peor. Además, la vida es un suspiro, hay que aprovecharla al máximo. Hakuna Matata. ¿Y qué pasa cuando planificas un viaje con meses de antelación para disfrutar de parte de esas dos míseros 22 días de vacaciones al año? Pues que hay que estar contento. Sí o sí. Por huevos. Diga lo que diga nuestro cuerpo o nuestra mente. Así que no dejemos de subir fotos a Instagram con los hashtags como #fun #happy o #tengoelcorazoncontento. Y de ensayar la sonrisa perfecta. Esa con la que salgo exactamente igual en mis últimos 2522 selfies con mis amigos. La misma sonrisa. La misma.

Y si no, tenemos opciones. “Voy a ahogar mis penas con alcohol”. O comprando. O encendiendo la tele, para no pensar. Quizás con una pastilla. O algo más fuerte. Cualquier cosa a que me vean triste. Porque ya se sabe, no es educado estar triste. Dan mal rollo, contagian la mala energía, están enfermos. Y yo no soy así. No señor. Yo nunca estoy triste.

Este es el panorama. Nos manejamos por escenarios en los que todos tenemos que sentirnos igual, aunque sabemos que eso es imposible. Pero para mí, estar triste es como la vacuna que te ponen para que el cuerpo aprenda a resistir mejor la enfermedad. La persona que vive la tristeza es precisamente la menos propensa a deprimirse. Y sí, tengo motivos para estar triste. Estoy triste porque a veces me duele el mundo. A veces me duele mi trabajo. O me duelen mis expectativas no cumplidas. Me duele mi pareja. Me duele sentirme de más y sentirme de menos. Me duele ser y me duele no ser.

Porque a veces duele igual avanzar que quedarse quieto.

Pero sin ese dolor, no podría recordarme qué me hace feliz. Sin tocar fondo no podría saber cuándo estoy volando. La tristeza me hace recordar que estoy vivo. Así que déjate vivirla para comprobar que, en el fondo, estar triste no tiene tanta importancia.

Etiquetado , , , ,